sábado, 28 de diciembre de 2013

Missing Entry


domingo, 22 de diciembre de 2013

Hermanos

Gorgias de Leontinos, al final de su vida, ya muy anciano, estaba postrado por la debilidad. Acostado, se esta­ba dejando poseer dulcemente por el sueño. Un íntimo ami­go se le acercó y le preguntó cómo se encontraba. Gorgias le contestó: «El sueño está comenzando a entregarme a su her­mana»

Claudio Eliano, Historias Curiosas, Libro II, 35.

martes, 17 de diciembre de 2013

El Elefante


     Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo:
     -Es una cuerda.
     Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó:
     —Es una columna.
     Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó:
     —Es una pared.
     Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura del desvinculo prohíbe armar el rompecabezas.

Eduardo Galeano.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sésamo (39)


     Cuando los hombres están adecuadamente ocu­pados, sus diversiones brotan de su trabajo, como los pétalos coloreados de la flor del frutal; cuando son fielmente útiles y compasivos, todas sus emociones se hacen estables, profundas, perpetuas y vivifican el alma como el pulso natural al cuerpo. Pero ahora, al no tener ninguna ocupación verdadera, vertemos toda nuestra energía viril en el falso negocio de hacer di­nero; y al carecer de verdadera emoción, tenemos que procurarnos emociones falsas, adornadas por nosotros para jugar con ellas, no inocentemente, como los ni­ños con sus juguetes, sino culpable y sombríamente, como los judíos idólatras con sus pinturas de las pa­redes de las cavernas, que los hombres tuvieron que cavar para descubrir. No ejecutamos la justicia; la re­medamos en la novela y en el teatro; la belleza que destruimos en la naturaleza la sustituimos por la metamorfosis de la pantomima y (nuestra naturaleza humana nos exige de modo imperioso el temor y la pena de alguna clase) la noble pena que debíamos sentir por nuestros semejantes y las lágrimas que de­bíamos llorar con ellos, las sustituimos por el deleite que nos produce el patetismo de los cuarteles de la policía, y recogemos el rocío nocturno de la sepul­tura.

John Ruskin, Sésamo y Lirios (1871)

viernes, 22 de noviembre de 2013

QUE DESCANSEN LOS JOVENES Y QUE TRABAGEN LOS VIEJOS

 "Las personas de ambos sexos son más comunicativas" 
Demetrio


Enseguida que sube o trepa al podeR, la primera cosa que hase un presidentE es ponerse a tomar eso que se llama "medidas de gobiernO". ¡Las cuales pueden ser medidas hermosas, si el susodicho tiene capasidá y intelijensia o pueden ser medidas repudnantes si el tipo es sinplemente un caballO! Entre las medidas repudnantes, la mas fulera de todas es pedirle a la jente joven que ponga el honbro y que trabage, y a la jente ansiana que se jubile y no salga de su casa, lo cual es una equivocasión espantosa, porque presisamente el trabajo tiene que ser para los viejos y el descanso y la jubilasión para la juventú. . . ¡para esa juventú questá llena de fuersa, questá llena dentusiasmo, questá llena de dinamismo y questá llena de llena por todas partes!
Para enpesar ¿me quiere desir que ganas de divertirse puede tener un ansiano que trabajó toda su vida y lo jubilan cuando tiene 90, 80 o 70 años ensima del cuerpo? En canbio, con mi sistema jubilatorio, yo le daría el retiro a los jóvenes entre 40 y 20 años, o sea la edá en que el tipo está bien fuerte, y puede salir de noche, y comer de todo y dedicarse a los licores, a los sigarros, al baile y otras yerbas. . . ¡Sobretodo a "otras yerbas", que son tan inportantes! ... Y resien después, cuando pasa los 40, el tipo enpesaría a buscar enpleo, con anplia esperiensia y conosimiento de la vida. . . ¡Y no como pasa haora, que mas de un jovensito está en el trabajo, pero con la cabesa en otra parte, y mientras labura en la fábrica o la ofisina el muchacho piensa en la amiguita que lo está esperando para que la lleve al baile, para que la lleve a pasear o para que la lleve adonde la lleve, pero que la lleve! Y como ese joven piensa en esas cosas, el trabajo le sale patas arriba y después vienen los lamentos; en cambio, si el tipo tiene 75 o 70 años trabaja lo mas tranquilo porque ya pasó la edá del alboroto, y la edá de tirar la chancleta y la edá de tirar muchas cosas que sería largo mensionar, pero que usté imajina porque no es idiota. Aparte deso, hay otro punto inportante: cuando un enpleado es joven y mete la mano en la lata la mete hasta el fondo y ni la lata le deja; en canbio, si un enpleado es ansiano y le da por robar, a lo sumo se lleva unos cuantos mangos de la cajA chicA... Y sino, fíjese en los diarios, que vuelta a vuelta hablan de muchachones insasiables que a usté no le respetan ni la cajA chic A, ni grandE ni la caja quencuentran por delante!
Todo esto lo digo porque de un tiempo a esta parte la mayoría de las empresas comersiales colocan avisos como estos: "Gran compañía nesesita jerente jeneral que sea menor de 30 años..." "Se busca presidente de direbtorio no mayor de 23 años..." "Enpresa comercial presisa encargado de personal menor de 25 años; si tiene 26 no sirve..." ¿Se da cuenta que yo tengo razón cuando digo que mucha jente coloca la manguera lejos del insendiO, por no desir otra cosa? Imajínese, por egemplo, que yo tengo un negosio lleno de enpleadas todas jovensitas y apetitosas... ¿En qué cabesa cabe que yo le voy a dar el puesto de jefe de personaL a un muchacho menor de 25 años? ¡Sería lo mismo que meter un lobO hanbriento entre un montón de ovejaS frescas y tiernitas, y es una fija quen poco tienpo el tipo me hase un desparramo padre... ¡Pero si yo nonbro jefe de personaL a un sénior de 65 pararriba, no hay ningún peligro porque el jovato se dedica a su laburo, sin andar perdiendo el tiempo mirando los minishort, ni mirando las mini faldas, ni mirando las mini mini quenloquesen a los jovensuelos!
Y en el gobierno es lo mismo: usté no puede nonbrar ministro a un muchachote de 25 años, todo fuerte, robusto y con una pinta tremenda, porque en vez de gobernaR se va a afilar a cuanta mina pase serca de la casA rosadA... Ademas, la jente joven es dormilona, y a ese ministro usté no lo saca de la cama antes de 11 ó 12 del medio día, y entre una cosa y otra nunca va a llegar al ministerio antes de las 3 o las 2 de la tarde. . . Y apenas llega a su despacho, el secretario le dise: "Oiga, eselensia: lo llamó rositA; dijo que lo espera a las sinco en el lugar de sienpre... ¡Y tanbién lo llamó la juanitA, y llamó lolA y llamó maría...! " Concretamente, yo le quiero desir una cosa: cuando usté sea presidentE procure rodearse de jente canchera, que ya corrió mundO, que ya está cansada de la bebida, de la mugeres y la milonga... ¡porque aquí hubo tipo que resien cuando llegaron al gobiernO descubrieron la garufa, las copas y salir con minas, y en vez de gobernaR se dedicaron a tirar manteca al techo, como vulgarmente se dice...


viernes, 1 de noviembre de 2013

Cheeeeeeeeeeeeeeeeeee!


sábado, 5 de octubre de 2013

Bored To Death


lunes, 16 de septiembre de 2013

miércoles, 21 de agosto de 2013

Más Pessoa

     Ahora es necesario que diga qué especie de hombre soy. Mi nombre no importa, ni cualquier detalle externo sobre mí. Es acer­ca de mi carácter que algo debe ser dicho. 
     Toda la constitución de mi espíritu está hecha de vacilación y de duda. Nada es o puede ser positivo para mí; todas las cosas osci­lan a mi alrededor, y yo con ellas, una incertidumbre para mí mis­mo. Todo para mí es incoherencia y mutación. Todo es misterio y todo es significado. Todas las cosas son "desconocidos"  simbólicos del Desconocido. El resultado es horror, misterio, un miedo dema­siado inteligente.
     Por mis tendencias naturales, por el ambiente que rodeó mi in­fancia, por la influencia de los estudios realizados bajo el impulso de estas mismas tendencias, por todo esto mi carácter es del géne­ro interior, egocéntrico, callado, no autosuficiente, sino perdido en sí mismo. Toda mi vida ha sido de pasividad y sueño. Todo mi ca­rácter consiste en la aversión, en el horror, en la incapacidad, que impregnan todo lo que soy, física y mentalmente, de actos decisi­vos, de pensamientos definidos. Nunca tomé una resolución naci­da del autodominio, nunca di señales exteriores de una voluntad consciente. Ninguno de mis escritos fue concluido; siempre se interpusieron nuevos pensamientos, asociaciones de ideas extraordinarias, imposibles de excluir, con el infinito como límite. No con­sigo evitar la aversión que tiene mi pensamiento por el acto de acabar sea lo que fuera. Una única cosa suscita diez mil pensamien­tos, y de esos diez mil pensamientos surgen diez mil interasociaciones, y no tengo fuerza de voluntad para eliminarlos o detener­los, ni para reunirlos en un solo pensamiento central, donde sus detalles sin importancia, pero asociados a ellos, puedan perderse. Pasan dentro de mí; no son pensamientos míos, sino pensamien­tos que pasan dentro de mí. No reflexiono, sueño; no estoy inspi­rado, deliro. Puedo pintar, pero nunca pinté; puedo componer mú­sica, pero nunca compuse. Extrañas concepciones en tres artes, en­cantadores vuelos de imaginación me acarician el cerebro; mas los dejo allí dormitar hasta que mueren, pues no tengo poder para dar­les cuerpo, para transformarlos en cosas del mundo exterior.
     Mi carácter es tal que detesto el principio y el fin de las cosas, pues son puntos definidos. La idea de que se encuentre una solu­ción para los más elevados, más nobles, problemas de la ciencia, de la filosofía, me aflige; la idea de que algo pueda ser determinado so­bre Dios o sobre el mundo me horroriza. Que las cosas más impor­tantes se realicen, que todos los hombres vengan un día a ser feli­ces, que se descubra una solución para los males de la sociedad, sólo imaginarlo me enloquece. Con todo, no soy malo ni cruel; soy lo­co, y eso de un modo difícil de concebir.
     Aunque haya sido un lector voraz y ardiente, no recuerdo ningún libro que haya leído, a tal punto eran mis lecturas estados de mi pro­pio espíritu, sueños míos, o antes, provocaciones de sueños. Mi pro­pio recuerdo de los acontecimientos, de las cosas externas es vago, más que incoherente. Me estremezco al pensar qué poco queda en mi espíritu de aquello que fue mi vida pasada. Yo, el hombre que sostie­ne que el día de hoy es un sueño, soy menos que una cosa de hoy.

Fernando Pessoa

jueves, 15 de agosto de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

Everybody Else Is Doing It, So Why Can't We?

Noton, cliqueen para poder leerla bien.


Si son panchos y no quieren ver la nota completa (que incluye el fabuloso argumento de los libros) dejo dos highlights:



lunes, 17 de junio de 2013

Como Niñita

Terminé de jugar The Walking Dead. Si me necesitan estoy en el rincón, llorando.

jueves, 6 de junio de 2013

La Venganza

     La señora Mercedes de Umbel era una de las mujeres más elegan­tes del mundo, pero algunos de sus amigos opinaban que era muy remilgada, y ninguno de los que la criticaban se ponía de acuerdo sobre sus verdaderos defectos y méritos. A veces hablaba la envidia, otras veces los celos, otras veces el sentimiento religioso, pero nun­ca la pura verdad ni la pura mentira.
     No todo es éxito para una mujer hermosa y pudiente. Porque no sabía manejar la llave de la puerta de calle, porque dejaba a menu­do abierta la del ascensor, Toño Juárez, el portero de la casa de de­partamentos donde ella vivía, la maltrataba. Cada vez que debía subir los ocho pisos para cerrar esa maligna puerta del ascensor, To­ño Juárez dedicaba a Mercedes de Umbel un selecto repertorio de malas palabras, que ella oía con la sonrisa en los labios. Pero no eran éstos los únicos motivos que él tenía para despreciarla; y tenía razón. Siempre hay cosas peores. Con sus manos, diariamente, la desgraciada ponía en el balcón miguitas o maíz y aun alpiste para las palomas (no por amor a las palomas; sino para encarnar la figu­ra de un cuadro visto en una casa de remates), Toño Juárez compa­raba las palomas con las mujeres elegantes.
     -Están cubiertas de plumas, con la pechuga llena, pero roño­sas, ensuciando lo que otros limpian con el sudor de su frente -de­cía a quien quisiera oírlo.
     -¡Para qué le sirve tanta riqueza! ¡Mucha pintura en los ojos; pero es más ciega que una lechuza! Mucha en la boca, ¡pero ni un diente de oro!
     Un día, más bien dicho una tarde, a la hora del teatro, la seño­ra de Umbel quedó encerrada, con un cajón de basura, en el ascen­sor. Su angustia fue grande, tan grande que olvidó las reglas de la elegancia. Se puso a traspirar. Apoyó la rodilla sobre una basura memorable. Tocó el timbre de auxilio. Se quitó el sombrero y los guantes y al ver que nadie venía a socorrerla se sentó en el piso, pensando que se asfixiaría en pocos minutos, si alguien, aunque fueran los bomberos, no la sacaba de ese fétido suplicio. Media ho­ra de encierro y de gritos bastaron para dejarla afónica. Cuando lle­gó Toño Juárez, que la había oído desde el primer momento, la asustó un poquito más, gritándole desde afuera que la dejaría pasar la noche dentro del ascensor, que olía a coliflor y a queso de rallar. Este episodio desagradable no se borró de la memoria, llena de re­cuerdos lujosos, de la señora de Umbel.
     Para los que no meditan, meditar es un sacrificio, pero la seño­ra de Umbel estaba dispuesta a hacer cualquier locura. La gente, al verla tan abstraída, creyó que un inesperado misticismo se apode­raba de su alma. Pensaba. Pensaba en vengarse. Una mañana, más allá de la ventana abierta, por donde entraban sol y campanadas de iglesia, las palomas volaban de la casa de enfrente a la suya y en­suciaban la vereda, que el portero limpiaba. Con la escoba, este úl­timo las amenazaba de vez en cuando, y les echaba maldiciones. Tristemente, alejadas del símbolo habitual de pureza y de paz, aquellas angelicales aves, con plumas del color de guantes femeni­nos a la moda, que arrullaban todo el día, que al desprenderse de las cornisas batían el ala como una mano de colegial, que ponían huevos inútiles, inspiraron la sutil venganza.
     A la hora en que toda la gente de la ciudad duerme la siesta, Mercedes de Umbel, después de vestirse, puso papel higiénico en su bolsillo. Papel rosado. Bajó los ocho pisos sin utilizar el ascensor. En el último tramo de la escalera se detuvo unos instantes. Después, con lentitud, salió de la casa, poniéndose los guantes.
     Cuando la señora volvió del cine, el mismo día, Toño vocifera­ba, en la puerta, rodeado de vecinos y de moscas.
     Algunas voces decían:
     -Fue un perro, seguramente.
     -¡Qué perro ni perro! -contestaba Toño Juárez-. Perra digan ustedes. Gran perra.
     Esta escena se repitió a diferentes horas en los subsiguientes días. Toño Juárez resolvió quedarse en un lugar estratégico día y noche, esperando. ¿Esperando qué? El cumplimiento de un sueño premonitorio que tuvo no hacía un año, cuando le dio por redoblar la limpieza de la escalera.
     El sacrificio no fue vano.
     Con el corazón trémulo, como en sus mocedades, vio el sueño he­cho realidad: desde la penumbra del patio donde había un ínfimo jardín, divisó a la dama en la postura prevista. Se acercó y, obede­ciendo a la continuación inevitable del sueño, con un certero punta­pié descargó su venganza contra palomas y señoras elegantes.

Silvina Ocampo

sábado, 25 de mayo de 2013

Enea Silvio Carrega

     Estaba claro que en el campo de la hidráulica nuestro tío natural habría podido hacer mucho más. La pasión la tenía, el particular ingenio necesario para esa clase de estudios no le faltaba; pero no sabía realizar: se perdía, se perdía, hasta que todo propósito terminaba en nada, como agua mal encauzada que después de haber avanzado un poco, fuese chupada por un terreno poroso. La razón quizá era ésta: que mientras que a la apicultura podía dedicarse por su cuenta, casi en secreto, sin tener que vérselas con nadie, descolgándose de vez en cuando con un regalo de miel y cera que nadie le había pedido, estas obras de canalización las debía hacer, en cambio, teniendo en cuenta intereses de éste y de aquél, soportando las opiniones y órdenes del barón o de cualquier otro que le encargase el trabajo. Tímido e irresoluto como era, no se oponía nunca a la voluntad ajena, pero pronto se desenamoraba del trabajo y lo abandonaba.
     Se le podía ver a todas horas, en medio de un campo, con hombres armados de palas y azadas, con un metro de caña y la hoja enrollada de un mapa, dando órdenes para excavar un canal y midiendo el terreno con sus pasos, que por ser cortísimos tenía que alargar de manera exagerada. Ordenaba empezar a cavar en un sitio, luego en otro, luego interrumpía, y volvía a tomar medidas. Llegaba la noche y por tanto se suspendía. Era difícil que a la mañana siguiente decidiese reanudar el trabajo en aquel lugar. No se dejaba ver durante una semana.
     De aspiraciones, impulsos, deseos era de lo que estaba formada su pasión por la hidráulica. Era un recuerdo que llevaba en el corazón, las bellísimas y bien regadas tierras del sultán, huertos y jardines en los que debía de haber sido feliz, la única época en verdad feliz de su vida; e iba continuamente comparando los campos de Ombrosa con aquellos jardines de Berbería o Turquía, y tendía a corregirlos, a tratar de identificarlos con su recuerdo, y al ser su arte la hidráulica, en él concentraba este deseo de cambio, y continuamente topaba con una realidad distinta, por lo que quedaba desilusionado. Practicaba también la radiestesia, a escondidas, porque aún estábamos en tiempos en que aquellas extrañas artes podían atraer la fama de brujería. Una vez Cósimo lo descubrió en un prado cuando hacía piruetas sosteniendo una vara bifurcada. Debía de ser también aquello un intento de repetir algo visto hacer a otros y de lo que él no tenía ninguna experiencia, porque nada salió.
     A Cósimo, el comprender el carácter de Enea Silvio Carrega le sirvió para esto: entendió muchas cosas sobre el estar solos que después en la vida le fueron útiles. Diría que llevó siempre consigo la imagen insólita del caballero abogado, como advertencia de aquello en que puede convertirse el hombre que separa su suerte de la de los demás, y consiguió no parecérsele nunca.

Italo Calvino, El Barón Rampante, XI (fragmento)

miércoles, 22 de mayo de 2013

El Viejo Vizcacha del Asgard

De sabio el hombre lo justo tenga,
nunca sabio en exceso;
más bella es la vida de todos los hombres
que saben mucho.

De sabio el hombre lo justo tenga,
nunca sabio en exceso;
pues el alma del sabio rara vez está alegre
si es sabio en demasía.

Sabio a medias ha de ser cada uno,
nunca sabio en exceso;
su destino nadie lo prevea
y su alma no tendrá penas.


                           Fragmento del Hávamál

lunes, 20 de mayo de 2013

Un buen interrogante


     Los dos años que pasó en su casa, luego de su regreso de Stourbridge, los pasó en lo que él pensó haraganería, y fue sermoneado por su padre y su exigencia de aplicación continua. No tenía un plan de vida establecido, ni miraba al futuro, sino que vivía el día a día. Aún leía en una forma desordenada, sin ningún esquema de estudio, a medida que el azar le ponía un libro en el camino, y sus inclinaciones lo dirigían hacia ellos. Él solía mencionar una curiosa anécdota de sus lecturas, de cuando no era más que un niño. Habiendo imaginado que su hermano tenía ocultas algunas manzanas detrás de un enorme manuscrito en un alto estante de la tienda de su padre, el trepó en busca de ellas; pero el enorme manuscrito resultó ser Petrarca, al que había visto mencionado, en algún prefacio, como uno de los restauradores del aprendizaje. Con su curiosidad exaltada por esto, se sentó, y con avidez leyó una gran parte del libro. Lo que él leyó durante esos dos años, me dijo, no eran obras de mero entretenimiento, “ni viajes y travesías, sino toda literatura, señor, todos escritores antiguos, todos viriles; aunque pocos griegos, solo algo de Anacreonte y Hesíodo; pero de esta irregular forma (añadió) he visto muchos libros, que no eran comúnmente conocidos en las universidades, en las que rara vez leen algún libro que no sea los que los tutores ponen en sus manos; de manera que cuando fui a Oxford, el Doctor Adams, ahora maestro del Pembroke College, me dijo que yo era el postulante mejor calificado para ingresar que haya visto.”

     Al estimar el progreso de su mente durante esos dos años, así como en todos los períodos futuros de su vida, no debemos prestar atención a su confesión apresurada de haraganería; como podemos ver cuando se lo explica a si mismo, que estaba aprendiendo de varias fuentes; y en efecto él mismo cierra el tema al decir “no quisiera que piense que no estaba haciendo nada en ese entonces.” Él podría, quizás, haber estudiado más asiduamente; pero se puede poner en duda si una mente como la suya no fue más enriquecida dando un largo paseo por los campos de la literatura que si hubiera sido confinada en un solo lugar. La analogía entre cuerpo y mente es muy general, y el paralelo se mantiene tanto a su alimento como a cualquier otro particular. Se concede que la carne de los animales que se alimentan libremente tiene más sabor que la de aquellos que son puestos a engorde. ¿No podría haber la misma diferencia entre los hombres que leen según sus gustos y los hombres se confinan en claustros y colegios para hacer tareas establecidas?


De La Vida De Samuel Johnson de James Boswell.

viernes, 19 de abril de 2013

miércoles, 17 de abril de 2013

Insomne

La canilla
que gotea
Una idea
muy sencilla,
secuencial
y claustral,
poco a poco
vuelve loco.

      Vicente Huidobro

martes, 9 de abril de 2013

Paranoia

Los expertos recomiendan guardar las llaves al estilo Papillon...

domingo, 31 de marzo de 2013

Gilbert

     Un gran derrumbamiento silencioso, un desengaño inmenso y mudo, ha caído en nuestro tiempo sobre nuestra civilización occidental. Todas las edades anteriores han sudado y han sido crucificadas en su intento por comprender qué era realmente la vida recta, qué era, realmente, un buen hombre. Una parte definida del mundo moderno ha llegado a la incuestionable conclusión de que no existe respuesta a esas preguntas, de que lo más que podemos hacer es colgar unos cuantos carteles en los lugares donde el peligro es más obvio, para prevenir a los hombres, por ejemplo, contra los males de beber hasta la intoxicación, o de ignorar la mera existencia de sus vecinos. Ibsen es el primero en regresar de la infructuosa cacería trayéndonos las nuevas de un gran fracaso.
     Todas y cada una de las modernas expresiones populares e ideales constituyen artimañas destinadas a minimizar el problema de lo que es el bien. Nos encanta hablar de «libertad»; y eso, hablar de ella, es un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. Nos encanta hablar del «progreso», y eso es también un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. Nos encanta hablar de «educación», y eso es un truco para evitar discutir sobre lo que es bueno. El hombre moderno dice: «Dejemos de lado todos esos criterios arbitrarios y abracemos la libertad». Eso, trasladado a la lógica, equivale a decir: «No decidamos lo que es bueno, y sin embargo consideremos bueno no decidirlo». El hombre moderno dice: «Abandona tus viejas fórmulas morales. Yo soy partidario del progreso». Dicho en términos lógicos, es como afirmar: «No determinemos qué es bueno. En lugar de ello, determinemos si estamos obteniendo más de lo bueno». El hombre moderno dice: «Amigo mío, ni en la religión ni en la moral se encuentran las esperanzas de la raza, sino en la educación». Esto, claramente expresado, equivale a: «No podemos decidir lo que es bueno, pero enseñémoselo a nuestros hijos».

G. K. Chesterton; Herejes, capítulo II (fragmento).

miércoles, 20 de marzo de 2013

1951

Y se andan quejando por el nombre de una o dos placitas :P

sábado, 16 de marzo de 2013

Examen de Conciencia (Inconcluso)

     Vivir la vida en sueño y ficción es, al fin y al cabo, vivir la vida. Abdicar es actuar. Soñar es confesar la necesidad de vivir, reempla­zando la vida por la irreal, y conformándola como una compensación de la fatalidad de tener que querer vivir.
     ¿Qué es todo esto sino la búsqueda de la felicidad? ¿Acaso con ello se busca otra cosa?
     ¿El devaneo continuo, el análisis ininterrumpido, supieron darme algo esencialmente diferente de lo que la vida me hubiera dado?
     Apartándome de los hombres no encontré, ni □

     Este libro es un solo estado de alma, analizado por todos sus costados, recorrido en todas sus direcciones.
     ¿Podría decir que el escribirlo me aportó, al menos, algo nue­vo? Ni siquiera ese consuelo me queda. Ya estaba todo en Heráclito y en el Eclesiastés: La vida no es sino el juguete de un niño construido con arena... vanidad y □ de espíritu... Y al pobre Job le basta una frase: Mi alma está cansada de mi vida.

     Me escucho soñar. Me acuno con el sonido de mis imágenes Se me deletrea en recónditas melodías □
     ¡El sonido de una frase bien concebida vale tantos gestos! ¡Una metáfora consuela de tantas cosas!
     Me escucho... Son ceremoniales en mí... Cortejos... Lentejuelas en mi hastío... Bailes de máscaras...  Presencio mi alma con deslumbramiento...
     Caleidoscopio de fragmentadas secuencias, de □
     Pompa de las sensaciones demasiado vividas... Lechos majestuosos en castillos desiertos, joyas de princesas muertas, ensenadas avistadas desde saeteras de castillos; vendrán sin duda, llegarán, para los más felices, los honores y el poderío; habrá cortejos en los exilios... Orquestas adormecidas, hilos de □ bordando sedas...

     En Pascal:
     En Vigny: En ti □
     En Amiel, tan completamente en Amiel:
     ... (ciertas frases)...
     En Verlaine, en los simbolistas:

     Tanta cosa enferma en mí... Ni siquiera el privilegio de una pe­queña originalidad en las características de mi mal... No hago sino lo que tantos hicieron antes de mí... Es vieja mi forma de sufrir... ¿Realmente, para qué pienso en estas cosas, si ya tantos pensaron en ellas y tantos las sufrieron?...

     Y sin embargo, algo, sí, de nuevo aporté. Pero de eso no soy responsable. Vino de la Noche y brilla en mí como una estrella... Nada de mi esfuerzo lo produjo ni lo disipó... Soy un poniente en­tre dos misterios, sin saber cómo me construyeron...

Del Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa.

lunes, 11 de marzo de 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

No No No No

No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No No 

lunes, 4 de marzo de 2013

The Wizard of Pope





jueves, 28 de febrero de 2013

Sueños: Traducción, Morfeo, Homenaje. (III)

I. Traducción

II. Morfeo


III. Homenaje

OSWALT HENRY, VIAJERO

     El viaje había resultado agotador para el hombre (Oswalt Henry) y para la máquina. Por una falla del mecanismo o por un error del astronauta, entraron en una órbita indebida, de la que ya no podrían salir. Entonces el astronauta oyó que lo llamaban pa­ra el desayuno, se encontró en su casa, comprendió que la situa­ción en la que se había visto era solamente un sueño angustioso. Reflexionó: Había soñado con su próximo viaje, para el que es­taba preparándose. Tenía que librarse cuanto antes de esas imá­genes que aún volvían a su mente y de la angustia en que lo ­habían sumido, porque si no le traerían mala suerte. Esa mañana, tal vez por la terrorífica experiencia del sueño, valoró como es debido el calor de hogar que le ofrecía su casa. Realmente le pa­reció que su casa era el hogar por antonomasia, el hogar original, o quizá la suma de cuanto tuvieron de hogareño las casas en que vivió a lo largo de su vida. Su vieja niñera le preguntó si algo le preocupaba y lo estrechó contra el regazo. En ese momento de supremo bienestar, Henry, el astronauta, entrevió una duda espe­culativa que muy pronto se convirtió en un desconcertante re­cuerdo: su vieja niñera, es claro, había muerto. "Si esto es así", pensó, "estoy soñando". Despertó asustado. Se vio en la cápsula y comprendió que volaba en una órbita de la que ya no podría sa­lir.

Adolfo Bioy Casares, Una Magia Modesta

martes, 26 de febrero de 2013

Sueños: Traducción, Morfeo, Homenaje. (II)


II. Morfeo (Click en las imágenes para verlas en todo su esplendor)



viernes, 22 de febrero de 2013

Sueños: Traducción, Morfeo, Homenaje. (I)

     Esta semana no fueron pocas las veces en las que el mundo de los sueños se cruzó de una u otra forma por mi camino. Uno de esos cruces ya lo conté hace poco, dos post atrás. Este post y los dos que le van a seguir son testimonios de algunos de esos cruces.

I. Traducción

     Murray soñó un sueño.
     La psicología vacila cuando intenta explicar las aventuras de nuestro mayor inmaterial en sus andanzas por la región del sueño, "gemelo de la muerte". Este relato no quiere ser explicativo: se limitará a registrar el sueño de Murray.
     Una de las fases más enigmáticas de esa vigilia del sueño, es que acontecimientos que parecen abarcar meses o años, ocurren en minutos o instantes.
     Murray aguardaba en su celda de condenado a muerte. Un foco eléctrico en el cielo raso del comedor iluminaba su mesa. En una hoja de papel blanco una hormiga corría de un lado a otro y Murray le bloqueaba el camino con un sobre. La electrocutación tendría lugar a las nueve de la noche. Murray sonrió ante la agitación del más sabio de los insectos.
     En el pabellón había siete condenados a muerte. Desde que estaba ahí, tres habían sido conducidos: uno, enloquecido y peleando como un lobo en una trampa; otro, no menos loco, ofrendando al cielo una hipócrita devoción; el tercero, un cobarde, se desmayó y tuvieron que amarrarlo a una tabla. Se preguntó cómo responderían por él su corazón, sus piernas y su cara; porque ésta era su noche. Pensó que ya casi serían las nueve.
     Del otro lado del corredor, en la celda de enfrente, estaba encerrado Carpani, el siciliano que había matado a su novia y a los dos agentes que fueron a arrestarlo. Muchas veces, de celda a celda, habían jugado a las damas, gritando cada uno la jugada a su contrincante invisible.
     La gran voz retumbante, de indestructible calidad musical, llamó:
     -Y, señor Murray, ¿cómo se siente? ¿Bien?
     -Muy bien, Carpani -dijo Murray serenamente, dejando que la hormiga se posara en el sobre y depositándola con suavidad en el piso de piedra.
     -Así me gusta, señor Murray. Hombres como nosotros tenemos que saber morir como hombres. La semana que viene es mi turno. Así me gusta. Recuerde, señor Murray, yo gané el último partido de damas. Quizás volvamos a jugar otra vez.
     La estoica broma de Carpani, seguida por una carcajada ensordecedora, más bien alentó a Murray; es verdad que a Carpani le quedaba todavía una semana de vida.
     Los encarcelados oyeron el ruido seco de los cerrojos al abrirse la puerta en el extremo del corredor. Tres hombres avanzaron hasta la celda de Murray y la abrieron. Dos eran guardias; el otro era Frank -no, eso era antes- ahora se llamaba el reverendo Francisco Winston, amigo y vecino de sus años de miseria.
     -Logré que me dejaran reemplazar al capellán de la cárcel -dijo, al estrechar la mano de Murray.
     En la mano izquierda tenía una pequeña biblia entreabierta.
     Murray sonrió levemente y arregló unos libros y una lapicera en la mesa. Hubiera querido hablar, pero no sabía qué decir. Los presos llamaban la Calle del Limbo a este pabellón de veintitrés metros de longitud y nueve de ancho. El guardia habitual de la Calle del Limbo, un hombre inmenso, rudo y bondadoso, sacó del bolsillo un porrón de whisky, y se lo ofreció a Murray diciendo:
     -Es costumbre, usted sabe. Todos lo toman para darse ánimo. No hay peligro de que se envicien.
     Murray bebió profundamente.
     -Así me gusta -dijo el guardia-. Un buen calmante y todo saldrá bien.
     Salieron al corredor y los siete condenados lo supieron. La Calle del Limbo es un mundo fuera del mundo y si le falta alguno de los sentidos, lo reemplaza con otro. Todos los condenados sabían que eran casi las nueve, y que Murray iría a su silla a las nueve. Hay también, en las muchas calles del Limbo, una jerarquía del crimen. El hombre que mata abiertamente, en la pasión de la pelea, menosprecia a la rata humana, a la araña y a la serpiente. Por eso sólo tres saludaron abiertamente a Murray cuando se alejó por el corredor, entre los guardias: Carpani y Marvin, que al intentar una evasión habían matado a un guardia, y Bassett, el ladrón que tuvo que matar porque un inspector, en un tren, no quiso levantar las manos. Los otros cuatro guardaban humilde silencio.
     Murray se maravillaba de su propia serenidad y casi indiferencia. En el cuarto de las ejecuciones había unos veinte hombres, entre empleados de la cárcel, periodistas y curiosos que...

     Aquí, en medio de una frase, "El sueño" quedó interrumpido por la muerte del autor O. Henry. Se conoce, sin embargo, el final:
     Murray, acusado y convicto del asesinato de su esposa, enfrentaba su destino con inexplicable serenidad. Lo conducen a la silla eléctrica, lo atan. De pronto, la cámara, los espectadores, los preparativos de la ejecución, le parecen irreales. Piensa que es víctima de un error espantoso. ¿Por qué lo han sujetado a esa silla? ¿Qué ha hecho? ¿Qué crimen ha cometido? Se despierta: a su lado están su mujer y su hijo. Comprende que el asesinato, el proceso, la sentencia de muerte, la silla eléctrica, son parte de un sueño. Aún trémulo, besa en la frente a su mujer. En ese momento, lo electrocutan.
     La ejecución interrumpe el sueño de Murray.


El Sueño de O. Henry (Traducción de Bioy Casares y Borges)

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...